Linda Guacharaca | Blog
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Antes de revelarte mis apasionantes aventuras por el Amazonas te voy a contar una historia que no te hará ni pizca de gracia, incluso te pondrá los pelos de punta... Pero la vida también tiene un lado oscuro y, del mismo modo que los perritos podemos ser ángeles, también podemos convertirnos en demonios aunque ¡ojo!, yo no me incluyo. Si bien disfruto correteando vacas y persigo gatos e iguanas, nunca haría algo así... Ni siquiera parecido: 

¿Tuviste alguna vez una crisis vital?

Yo tuve una tan grande durante los primeros meses que siguieron a mi atropello -fracurada, muerta de sed y de hambre y aguantándome a todos los perros de la bomba deseando hacerme madre cuando tuve mi primer celo-, que casi no la cuento. Ahorita mis crisis vitales se producen en los momentos en que me enfrento con un/a veterinario/a, cuando me dan concentrado y en los intentos de secuestro, continuos, que sufro… sobre todo desde que me volví famosa.

Lucrecia, por lo que no es de este planeta, no entiende español.

-¡Venga, preciosa!- dice mi mamá sosteniendo su diminuto collar en alto para que entienda que vamos a la calle y… siempre soy yo quien aterriza, con la precisión de un reloj suizo, bajo sus rodillas, mientras ella da sus famosos saltos de conejo, con mi juguete en la boca, en la otra dirección.

Cuando te preguntan "¿qué hiciste la última semana?", uno normalmente contesta: vi amigos en el parque, vigilé la casa mientras mi familia se ganaba el concentrado, salí de caminata el domingo, comí crispetas con mis papás en el sofá...

En mi caso, no sé si por suerte o por desgracia, la respuesta rara vez es esa. Primero, porque a mi mamá nunca se le pasaría por la cabeza darme crispetas, ya que siempre las quiere todas para ella; y segundo, porque mi vida es como una montaña rusa, no apta para cardiacos.

El martes pasado, tras nuestra aparición televisiva, salimos a pasear por el barrio. Te parecerá de todo punto de vista increíble, pero nadie nos reconoció, ni hordas de periodistas se abalanzaron sobre nosotras para fotografiarnos. A la mañana siguiente mi mamá volvió a salir, por tanto, despeinada y en sudadera y ahí sí, una voz a mis torcidas espaldas exclamó, alborozada:

–¡¡¡Linda!!! ¡Hola Linda!–.

A Giovanny Hincapié, por la imagen final

Mis días en el anonimato están contados.

Y tú dirás… ¡Pero si es la perra con el blog más leído sobre la faz de la tierra! Y seguramente tengas razón, pero eso no es nada comparado con la avalancha de popularidad, vino y rosas que se avecina….

Resulta que dos cazatalentos descubrieron mis escritos.

Nunca había sido tan feliz, a la par que tan cándida, yendo al veterinario.

Cuando salimos a la calle, mi mamá enfila por la 45 derechita hacia ese lugar de ensueño llamado la Universidad Nacional: un paraíso donde los señores uniformados de la puerta me saludan sonrientes cuando paso trotando, con una sonrisa que no me cabe en la cara, un par de metros por delante de mi mamá, sin correa. Un edén donde bicicletas, chicos vendiendo sanduches, y aplicados estudiantes de Música tocando el trombón sobre el pasto, desfilan ante mi telescópica nariz.

Te apuesto lo que quieras a que nunca has visto nada igual.

Esta soy yo recibiendo a mi mamá en el aeropuerto, después de arrastrar a mis abuelitos por toda la Terminal:

[youtube https://www.youtube.com/watch?v=d6zahOfX6as&w=560&h=315]

Todos se quejan de que, desde que entré en sus vidas, los recibimientos no son lo que eran, echarse llorando a los brazos del otro y tal... Ahora primero hay que saludar a la perra.