Linda Guacharaca | Perrografía
113
page-template,page-template-full_width,page-template-full_width-php,page,page-id-113,page-parent,qode-quick-links-1.0,ajax_fade,page_not_loaded,,qode_grid_1300,footer_responsive_adv,qode-theme-ver-14.3,qode-theme-bridge,wpb-js-composer js-comp-ver-5.4.5,vc_responsive
 

Perrografía

¿Quién se esconde tras esa gran lengua?
Mi nombre es Linda, Linda Guacharaca.

Aunque te resulte difícil de creer no siempre fui una diva, ni una viajera, ni una escritora… Ni siempre tuve una familia. Antes de estar acá contándote mi historia, vivía en una gasolinera de carretera, un objeto de cuatro ruedas me partió las patas y la cadera en un brutal atropello y pasé muchas semanas en una esquina sin agua ni alimento. Saciaba mi sed con la lluvia y estuve a punto de morir de hambre. Pero el destino tenía otros planes para mí: un día se cruzó en mi camino una viajera recién llegada a Colombia, sin experiencia con perros y con la vida menos rutinaria de la tierra. Aunque el veterinario recomendó sacrificarme porque no iba a volver a caminar, ella, en un destello de solidaridad animal, me dio una oportunidad.

Esa viajera es ahora mi mamá y, salvo cuando me baña, es la humana más maravillosa de la tierra y de todo el sistema solar.

Me llamó Linda como respuesta a las exclamaciones de horror de los humanos al ver mi aspecto. El amor de sus ojos color café me impulsó a aventurarme, pasito a pasito, en la vida. Con ella recuperé la capacidad de caminar, la alegría de vivir y ella es quien me dio instrucción militar, convirtiéndome en una perra todoterreno. ¿Te sorprende que sea el ser que más amo y defiendo en el universo? Yo, por mi parte, le demostré que el amor, la confianza y las rascadas de panza están por encima de cualquier dictamen médico y le mostré el significado de la palabra lealtad. A través de mis ojos descubrió un nuevo mundo de diversión y conectó con su pasión infantil por los animales y por la escritura. De mi pata descubrió que es mucho más fuerte, intuitiva, creativa, generosa y tozuda de lo que jamás imaginó.

Perrografia
Mi hisotira
Mi mamá

Yamila Fakhouri es el nombre que aparece en su ficha veterinaria. De raza criolla, como yo: mitad palestina y mitad española. Antes de llegar a Colombia rastreó muchos países: trabajó dando comida por encima de la mesa a los clientes de un hotel de cinco estrellas en Irlanda; fue traductora de muchos lenguajes humanos en el Parlamento Europeo en Luxemburgo. Tras su paso de varios años por Alemania le dieron un papel con olor a viejo donde dice que es Doctora en Leyes, aunque yo nunca le vi el estetoscopio ni las leyes. Adiestró jueces y fiscales en Bolivia y Perú y hoy, cuando no pasea conmigo por cualquier rincón del mundo, entrena cachorros en la Universidad de los Andes, en Bogotá, que es la ciudad donde está nuestra guarida.

Hasta que me conoció, ella siempre había interaccionado con los de su especie. Cuando tomé posesión de su sofá, tuvo que observarme tan atentamente para comprender mis necesidades y mis reacciones, que acabó metiéndose en mi cabeza peluda y se convirtió en experta en lenguaje y psicología canina. Ahora es la traductora de mi mundo y quien transcribe mis sesudas reflexiones.

7

Número de fracturas óseas

16

Número de hogares con mi mamá

10

Número de veterinarios que me trataron

0

Veces que mi mamá me da bocado en la mesa

12

Paquetes de pañales que gasto al año

7

Fugas para buscar a mi mamá

Mi manada artística

Mi papá

Steven Heller, fue el mejor amigo colombiano de mi mamá mientras estuvo en la tierra y se convirtió en mi papá cuando me abrió las puertas de su carro, aquél día en la gasolinera, sin arrugar el hocico por el estado en el que me encontraba. Fui la niña peluda de sus ojos. Él fue quien confió en mi capacidad cuando las fuerzas de mi mamá flaqueaban y quien más rico rascaba la barriga del planeta. Ahora sigue mis pasos torcidos y nos acompaña en este proyecto, que existe gracias a su generosidad, desde las estrellas.

Fernando

De marcar su territorio por los pasillos de las grandes editoriales de mi país pasó a seguir el rastro de autores anónimos como editor independiente. Fernando Cárdenas nos conoció haciendo nuestro primer libro y se enamoró de mí. Luego de mi mamá. Y luego de nuestro proyecto. Mi mamá quedó cautivada con su nobleza y su porte criollo de modo que lo adoptó, igual que a mí. Ahora es también el editor de Ediciones Guacharaca y el encargado de pasear de su mano por la vida, darme mi concentrado y rascarme la cola parada cuando a ella se le pegan las sábanas.

Lore
Lore

Lorena Rivera, es la pata anterior izquierda de mi mamá (ella es zurda) y la encargada de recordarle dónde tiene las llaves, el celular y la cabeza. Además se ocupa de la gestión editorial. Por si no sabes de qué te ladro, es la humana que da a conocer mi proyecto en escuelas, bibliotecas e, incluso, en los medios de comunicación, para que cada vez más bípedos y cuadrúpedos conozcan mi tumbao en las páginas de mis libros o en TV. Contacto: lorenariverasotto@gmail.com

Eddie

Eduardo Santos es el encargado de estudiar mi telescópico perfil y la curva de mi espalda para pintarme espectacular en todas mis poses. Sus dibujos aparecen en las portadas de mis libros, en los logotipos, en las ilustraciones… Ni Carlos III tenía un pintor de cámara tan hábil y tan paciente con las correcciones y observaciones de mi mamá. Contacto: 311 292 1382.

Lau

Laura Mora, es la encargada de repartir mis libros por las librerías de todo el país para que mi mamá tenga el tiempo para idear locuras de las que soy protagonista y transcribir todo lo que le dicto. También es la encargada de enviarte los libros a tu guarida yo cuando estoy viajando y no puedo salir corriendo con la lengua fuera al Servientrega de la esquina. Contacto: ladamosu@gmail.com.

Mi abuelita

Mercedes Gómez, es un sabueso para las erratas y, gracias a su memoria de elefante, recuerda todos los lugares que visito. Por eso, bastante seguido, le aullamos pidiendo ayuda para mis relatos. También es la encargada de darme masajes en busca de garrapatas cuando mi mamá está de viaje, así como de botar litros de baba con mis gracias.

Mi equipo médico

Mi hada veterinaria

Estefanía Guarín, es la humana que más pendiente está de mis cambios de ánimo, de mi temperatura y de mi tumbao después de mi mamá. Perronalmente me gustaría verla mucho menos, aunque ambas dicen que no es posible debido al precario estado de salud con el que salí de la gasolinera. Yo creo que es porque se hicieron amigas. Pese a que me chuza a veces, es tan dulce y competente que siempre dejo que me acaricie el lomo y las orejas antes de salir disparada hacia la puerta de la clínica. Contacto: 317 574 78 63.