¿Tuviste alguna vez una crisis vital?

Yo tuve una tan grande durante los primeros meses que siguieron a mi atropello -fracurada, muerta de sed y de hambre y aguantándome a todos los perros de la bomba deseando hacerme madre cuando tuve mi primer celo-, que casi no la cuento. Ahorita mis crisis vitales se producen en los momentos en que me enfrento con un/a veterinario/a, cuando me dan concentrado y en los intentos de secuestro, continuos, que sufro… sobre todo desde que me volví famosa.

El martes pasado, tras nuestra aparición televisiva, salimos a pasear por el barrio. Te parecerá de todo punto de vista increíble, pero nadie nos reconoció, ni hordas de periodistas se abalanzaron sobre nosotras para fotografiarnos. A la mañana siguiente mi mamá volvió a salir, por tanto, despeinada y en sudadera y ahí sí, una voz a mis torcidas espaldas exclamó, alborozada:

–¡¡¡Linda!!! ¡Hola Linda!–.

Nunca había sido tan feliz, a la par que tan cándida, yendo al veterinario.

Cuando salimos a la calle, mi mamá enfila por la 45 derechita hacia ese lugar de ensueño llamado la Universidad Nacional: un paraíso donde los señores uniformados de la puerta me saludan sonrientes cuando paso trotando, con una sonrisa que no me cabe en la cara, un par de metros por delante de mi mamá, sin correa. Un edén donde bicicletas, chicos vendiendo sanduches, y aplicados estudiantes de Música tocando el trombón sobre el pasto, desfilan ante mi telescópica nariz.

Te apuesto lo que quieras a que nunca has visto nada igual.

Esta soy yo recibiendo a mi mamá en el aeropuerto, después de arrastrar a mis abuelitos por toda la Terminal:

[youtube https://www.youtube.com/watch?v=d6zahOfX6as&w=560&h=315]

Todos se quejan de que, desde que entré en sus vidas, los recibimientos no son lo que eran, echarse llorando a los brazos del otro y tal... Ahora primero hay que saludar a la perra.

Al otro ángel que nos cuida, por estar pendiente de hasta cuando pestañea mi mamá.

A los artistas del Circo del Sol, por volar y hacer volar a otros. 

Mi papá adoptivo compró boletas hace unos meses para el Circo del Sol -el espectáculo llamado Corteo- en Bogotá.

Cuando llegaron anoche, mi mamá, con los ojos húmedos, brillantes, y una tímida sonrisa en la cara, me contó que, para su sorpresa, toda la trama giraba en torno a mi papá Steven: se trataba del funeral de un payaso igual de tierno, divertido, y sensible que él… Hasta tenía el cabello crespo.

-¿Sabes cómo es cuando conoces a alguien y sabes que es él?-.

De este modo se refería Laura a mi papá, con quien compartía su vida desde hacía un par de meses.

La conocimos, junto con mi abuelita, en su casa en diciembre. Ellos iban a vivir juntos en el apartamento que Steven acaba de comprar, una bonita casa, al norte de Bogotá que quería renovar con sus propias manos; y nosotras necesitábamos un nuevo techo antes de que Pecas acabara con todas nuestras pertenencias (aquí), por lo que mi papá, como siempre, deseoso de ayudar, nos puso en contacto.

Mi incontinencia sufrió su pico más agudo de todos los tiempos precisamente ese día:

Ayer mataron a mi papá Steven Heller, en la Vega, Colombia, para robarle su bicicleta.

Desde que escuché a mi mamá llorar, gritando su nombre, en el café de internet donde recibimos la noticia, estoy escondida tras la mesa, enredada entre los cables, inmóvil. Quienes se asoman sólo alcanzan a ver mis almohadillas traseras.