Linda Guacharaca | Guantazo
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Guantazo

El otro día estaba haciendo vueltas con mi mamá por toda la ciudad. Ya sabes que, si yo no la acompaño, lo más probable es que se despiste y no encuentre la casa.

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Comprando muebles para nuestra nueva guarida

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Distribuyendo los últimos ejemplares de la primera edición de “La vida es Linda” en tiendas y librerías…

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Haciendo vueltas por el centro…

Estábamos paradas en el andén dispuestas a cruzar, cuando un trabajador de la obra aledaña me golpeó con sus guantes de goma en el lomo, muerto de la risa. Del susto salté a la calle, preciso cuando se acercaba un carro. Por suerte estoy tan bien entrenada que cuando mi mamá dice “¡Linda, a la acera!”, mis patas se dirigen inmediatamente hacia ese lugar, aunque mi cuerpo quiera ir en sentido contrario.

Al ver que iba acompañada, el señor dejó de reírse tanto y siguió caminando para perderse entre el gentío. Con lo que no contaba era con que mi mamá lo iba a seguir.

-Oiga, ¿a dónde va tan rápido?, ¡venga para acá!. Le espetó, mientras se abría paso entre la gente con esa mirada taladradora que no le deseo ni a mi peor enemigo sobre una patineta.

El señor, después de hacerse el sordo un rato, al ver que no tenía escapatoria, por fin, se detuvo. Pese a que sabía que aquello bien podía acabar con un intercambio de mordiscos a la yugular –o de puños, que es como pelean los humanos-, la furia vengadora que es mi mamá no se aplacó.

-¿Qué estaba haciendo?

-Nada

-¿Cómo así que nada?- interrogó, quitándole los guantes de la mano y haciéndolos restallar delante de su cara: -¿Le parecería chévere si yo le doy un guantazo a ud.?-.

El señor balbuceaba.

-¿No?- le ayudó mi mamá -¡pues a ella tampoco!-.

Acto seguido giramos sobre nuestros talones, ella primero, yo pegada a los suyos, y volvimos a nuestros quehaceres.

Una semana más tarde volvimos a cruzarnos con el señor. En la misma calle, frente a la misma obra y ¿adivinas qué? Al vernos aparecer él también giró, pero sobre sus propios talones… Entonces vimos que llevaba los guantes guardados en el bolsillo de su pantalón.

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